domingo, 7 de junio de 2009

LA MÚSICA POPULAR EN EL MÉXICO DE LOS 70´S


Durante la década de los años 70´s, México fue el apareamiento de fenómenos sociales, políticos y artísticos y culturales. La presidencia de Luis Echeverría y los primeros tres años del gobierno de José López Portillo fueron el marco de esta serie de hechos que enmarcaron la cultura popular mexicana. Esta “cultura popular” entendida como una “cultura de masas”, estuvo claramente ejemplificada por las “clases populares urbanas, en contraposición a las pequeñas comunidades rurales”.[1]
De esta cultura popular, se originó lo que es pues entonces el tema de este ensayo interpretativo: “la música popular”. En términos generales, ha de establecerse en una primera línea, lo que ha de entenderse por “música popular”. En este entendido, la “música popular”, es aquella que está fuera de la música académica o de concierto, de la música sinfónica y orquestal y que tuvo rápidamente aceptación en el gusto de la población sin necesidad de contar con conocimientos musicales. Esta cultura musical popular tuvo en esos momentos la capacidad de “difusión espacial y desplazamiento social”.[2] Sin embargo, el estado de la cuestión, es entender cómo en los momentos difíciles para el estado mexicano pudo darse un movimiento social que no solo fue único en su tiempo, sino que hasta la fecha sigue vigente.
La música como viva creación del hombre y fuente para el estudio histórico de un tiempo y espacio determinado, ha de permitirnos entrar en este mundo enmarcado por las notas y sonidos que nos transportarán al que hemos llamado “nacimiento” de la música popular contemporánea, en el sentido de que fue durante la década de los años setenta, cuando comenzó a gestarse la aparición de “ídolos de la música mexicana” en diferentes géneros que fueron de la música romántica, hasta la música tropical y grupera”.
Con el estigma de los acontecimientos acaecidos en México durante el año de 1968, en la matanza de estudiantes, Luis Echeverría Álvarez llegaba al poder presidencial. Iniciaba su sexenio el 1 de diciembre de 1970. “Hosco, orgulloso, socializante, nacionalista”[3] como lo pinto Enrique Krauze, compartió junto con su homólogo, el abogado José López Portillo, los diez años que marcaron el parte aguas en la música popular mexicana. Caracterizado el gobierno de Echeverría por movilizaciones de ferrocarrileros y electricistas en 1971 y 1972 y las huelgas de trabajadores de las empresas Nissan, Rivetes y Celanese en 1973; las de General Electric y Lido en 1974 y de Lacsan en Cuernavaca, Hiladuras Aztecas y Panam en Naucalpan en el Estado de México en 1975 culminando los movimientos con la marca de electricistas el 15 de noviembre del mismo año,[4] hubo tiempo para que la sociedad mexicana tuviera interés en recrear y representar emociones, sentimientos y penas de amores.
La sociedad inmersa en este decenio pudo experimentar no solamente los cambios políticos que trajo el gobierno de Echeverría y López Portillo. La estabilidad económica y el continuo acoso por parte del gobierno echeverrista al sector privado originando con esto que se creara el Consejo Coordinador Empresarial[5] y la reforma política llevada a cabo en 1978 durante el gobierno lopezportillista y la creación de la subsecretaria de Radiodifusión y la agencia de noticias Notimex,[6] hicieron del México de los 70´s un espacio para que el mexicano tuviera salida y entretenimiento musicalmente hablando. Y es que fueron fundamentalmente estos años, donde la música popular mexicana inició el afianzamiento en el gusto del mexicano.
El decenio abría musicalmente con la “onda” que venía desde finales de los años 60´s. Este movimiento cultural y musical, hizo olvidar en septiembre de 1971, lo ocurrido en junio con el llamado jueves de corpus. Avandaro en Valle de bravo se convirtió entonces el lugar en donde la juventud encontró la libertad para practicar la fusión rock-drogas que fue el eje sustancial de estar a la onda, esa onda de crear “una nación dentro de lo nacional”. Inmersos en el fenómeno conocido como los jipitecas, con origen en el movimiento hippie originado en Estados Unidos, a fines de la década de los años sesenta, jóvenes en su mayoría de la clase media, estuvieron en contra del aparato de gobierno, de los valores y con una postura antinacionalista y apolítica huyendo en buena medida de lo popular, del bolero y de la música ranchera, siendo considerado este práctica como la “incomprensión para los jóvenes y el ultraje para los adultos”.[7]
Este suceso fue considerado como un “complot despolitizador” que iba en contra de lo ocurrido el 10 de junio. Pero los primeros años de la década setentera, eran solo el comienzo de la cotidianidad musical de la que se apropiaría el pueblo mexicano. Fue entonces cuando México fue la punta de lanza para artistas que se dieron a conocer a nivel mundial. El país fue el espacio en donde convergieron musical latinoamericanos, europeos particularmente españoles, y por supuesto, los músicos mexicanos. La música popular, aquella “que el pueblo maneja en su presente […] que la sociedad acepta y canta”,[8] abarcó géneros en los cuales se enmarcaron intérpretes y cantautores que han en nuestros tiempos siguen presentes.

“Como quisiera decirte… algo que llevo aquí dentro…”

La música romántica fue la que tuvo mayor apogeo y aceptación entre los mexicanos. Este género se vio representado por solistas y grupos que en un estilo muy particular hicieron vibrar de emoción y sentimiento al pueblo mexicano. En 1971, México fue testigo de la llegada de uno de los grupos que mayor aceptación tuvieron. Temas como Y volveré empezaron a sonar en las estaciones de radio y rápidamente la onda “grupera” romántica gano terreno. Fundados por Mario Gutiérrez y oriundos de Chile, Los Ángeles Negros cautivaron a los enamorados que a partir de los años setenta se hicieron seguidores de este estilo musical. América Latina siguió presente en la música popular mexicana con artísticas como la agrupación originaria del imperio Inca, Los Pasteles Verdes y de Venezuela, Los Terricolas. Los éxitos fueron rotundos para estas agrupaciones que hallaron acomodo y la gente hizo suyas las canciones. Te juro que te amo, Luto en mi alma, fueron tarareados por el pueblo mexicano.
Pero los mexicanos no se quedaron atrás. Agrupaciones que venían de fines de la década de los sesenta tomaron fuerza en los años siguientes. La Tropa Loca originarios de la colonia Jardín Balbuena en la Ciudad de México, habían comenzado en el terreno de la música y los años 70´s fueron para la agrupación la consolidación. Un sueño se convirtió en el tema asociado inmediatamente por el público romántico. Déjenme llorar, Lágrimas son y El cariño que perdí, se oían en el repertorio musical setentero. Interpretadas por la agrupación creada en Guadalajara en la década de los 60´s, Los Freddy´s abandonaba el género del Rock & Roll para incursionar el gusto en boga: el romanticismo hecho canción. Yucatán también estuvo representado con Los Baby´s con temas como Triángulo de Boby Capo. Con una carrera iniciada en 1960, hallaron acomodo en la década posterior entrando a la lista de los grupos que servían de marco musical para los enamorados y porque no, de los abandonados.
Pero fue indiscutiblemente el solista romántico, el que gano mayor popularidad en el gusto de los mexicanos. En 1970 hacía su aparición en el festival de la canción OTI, uno de los intérpretes de mayor auge musical: José Rómulo Sosa Ortiz (José José). Interpretando El Triste del compositor mexicano Roberto Cantoral, José José inició una de las carreras con más duración en la historia musical de México llegando hasta nuestros días gozando con el adjetivo de un “ídolo” de la música romántica. En la década de los 70´s grabo 13 discos convirtiéndose en el mayor exponente de la música romántica de los setenta. En 1971, aparecería otro de los grandes cantautores de la música popular: Alberto Aguilera Valadés, mejor conocido como Juan Gabriel. Con su tema No tengo dinero, comenzó una larga carrera que aun sigue perdurando en el gusto de la gente.
El festival de la canción fue el semillero del que saldrían íconos de la música popular romántica mexicana. Así como José José logró el empuje a la fama, por el mismo escenario desfilaron artistas que se mantuvieron en las preferencias de la gente: José María Napoleón, Gualberto Castro e Imelda Miller, fueron algunos de los más representativos. Compositores que dieron inspiración a las voces de cantantes también estuvieron presentes: Armando Manzanero, yucateco y romántico de corazón, cantante y autor prolífico, fue el creador de temas que dieron fama a cantantes como Carlos Lico.
Pero lo más significativo, es que México fue el lugar en donde la música popular vio una fusión de culturas y cantantes de diferentes nacionalidades. Así como en la música grupera venida en gran medida de grupos de Latinoamérica, países europeos tuvieron representantes en el canto solista. Particularmente España, exportó a cantantes prolíficos como Miguel Rafael Martos Sánchez (Raphael), de Linares, Jaen, España, quien en 1968 llega a México y durante los años 70´s toma fuerza. Junto con él, otro español Julio Iglesias de la Cueva (Julio Iglesias), trae el estilo romántico español a oídos mexicanos, quienes ya eran en ese momento exigentes para su gusto por la música popular.
Argentina también estuvo representada en México con otro de los músicos representativos de los años 70´s: Alberto Cortez. Nacido en 1940 en Rancul, provincia de la Pampa, Argentina, logró llevar a flor de piel la inspiración romántica por excelencia. En 1971 estrena en México su tema Mi árbol y yo, mismo que fue utilizado en una campaña de reforestación por el gobierno mexicano. En la década de los 70´s, recibe cuatro premios “Heraldos”, otorgados por el diario El Heraldo a lo más representativo de la música y el “Micrófono de Oro”, entregado por la Asociación de Comunicadores de México.
Este género musical con temas de amor fueron en su momento y quizá hasta ahora lo siguen siendo un “discurso personalizado entre un yo y un tú” así como “la nostalgia de la ciudad moderna y sus formas de decir el amor”.[9] Sin embargo, la música mexicana no quedó ahí. Venia el fenómeno quizá más representativo de la década de los años setenta: la música de protesta. Este género se había cultivado a inicios del siglo XX y tuvo sus orígenes en la canción folklorista surgida en París. Su principal objetivo fue el rescato de lo nacional. Ante la situación política que comenzaron a experimentar gobiernos europeos y americanos, se comenzó a gestar la música con letras que iban en protesta a los sistemas de gobierno. En Estados Unidos desde la década de los 60´s se empezó a presentar este género con cantantes como Joan Báez y Bob Dylan. Después se hizo evidente en España con cantantes como Joan Manuel Serrat y Raimón y en Cuba con Silvio Rodríguez y Pablo Milanes.[10] México estuvo representado por Oscar Chávez quien se dio a conocer con su participación en la ya clásica cinta del cine de los setenta: Los Caifánes. Oscar Chávez además de interpretar temas románticos, represento el género folklorista agregando a su repertorio temas que venían de finales del siglo XIX. Junto con él, varios cantantes mexicanos también cultivaron este género que paso de ser algo folklórico, un canto popular. Entre ellos estuvieron Marcial Alejandro, Amparo Ochoa y Guadalupe Pineda.[11]


“Fue en un cabaret… donde te encontré bailando…”

La música popular mexicana estuvo también marcada por los géneros tropicales que lograron consolidarse en el gusto de la gente. Agrupaciones que desde hacía tiempo atrás ya aparecían en el repertorio de la música bailable, tuvieron en los años setenta su consolidación absoluta. El cine de los setenta bajo el auspicio del gobierno, fue el medio por el que la música tropical se coloco en el gusto de la gente. Este cine tuvo como enfoque al sector de la sociedad de la clase media. Cintas como la Tía Isabel, Los meses y los días y Los Cachorros fueron un claro ejemplo de esta característica peculiar de los años setenta consistente en el amplio papel jugado por la clase media. Este cine se había olvidado de la idea machista, de la madre sufrida y de la pecadora sublimable. Venía ahora lo popular con cintas como Mecánica Nacional (1971) haciendo uso de las “malas palabras” y desnudos que hicieron un sello muy peculiar del cine setentero.[12] Bellas de Noche y Las Ficheras (1974) dirigidas por Miguel M. Delgado fueron las cintas que promovieron la música tropical con agrupaciones como la ya conocida hasta ese momento pero no consolidada Sonora Santanera y ritmos más afro antillanos y rumberos como Pepe Arévalo y sus mulatos. El cine fue en esos momentos el vehículo por el que artistas que contaban ya con la simpatía de la gente llegaron más rápido a consolidarse. El género grupero estaba en la segunda mitad de los setenta con gran fuerza en el gusto de la música popular. Para esos momentos ya existían grupos como el “ídolo de ídolos” Rigo Tovar y su Costa Azul, cumbieros como Los Incontenibles Gatos Negros de Tiberio y el Conjunto África que ponían a bailar al pueblo mexicano en lugares ya consagrados de la música bailable como el legendario California Dancing Club en la colonia Portales y salones que comenzaban a abrir sus puertas en esa década.
La música del norte con la influencia ya legendaria de fusiones con culturas polacas y escocesas en la culturización de las regiones del norte del país y sureñas del país del norte, estaba vivamente representado. De origen mexicano y fundado en San José California, Los Tigres del Norte se convirtieron rápidamente en “ídolos populares” del género norteño. El cine al igual que la música tropical les sirvió como medio de difusión para el público que ya los identificaba. Contrabando y traición y la saga Mataron a Camelia… La Texana en 1976 hicieron la apertura cada vez mas fuerte entre el gusto popular y la moda el norte que gano adeptos y aun en la actualidad sigue en boga de la sociedad del siglo XXI con gran variedad de grupos.
Pero ¿qué ocurrió entonces con la música propiamente mexicana, ranchera y bravía por excelencia? En los años setenta la música vernácula quedó estancada en el desarrollo cultural musical. Hubo intentos de promocionar a los que sería la nueva ola de intérpretes de la música mexicana después de la desaparición de verdaderos íconos de la música ranchera. Hay que recordar que 1973 había muerto José Alfredo Jiménez considerado como el principal compositor de canciones mexicanas. Un intento fallido de la nueva ola ranchera fue Cornelio Reyna,[13] quien con un estilo particular mostraba al cantante ranchero con un acento más “popular” de lo que habían sido los charros más campiranos con forje y un estereotipo del mexicano de los cincuentas y sesentas. En la misma década, surgió otro cantante de música mexicana que adopto el pueblo como cantante de la música ranchera haciéndolo un ídolo popular: Vicente Fernández y quien es considerado hoy como “el máximo exponente de la música ranchera”. De Huentitán el Alto, Jalisco, llegó a la Ciudad de México en 1960 y para una década después, ya gozaba del gusto de la gente que identificaba en la música popular ranchera, la figura de charro de Huentitán. Su participación en cine tuvo el mismo efecto que en los otros casos de intérpretes y grupos musicales. En la década de los 7o´s graba 7 LP´S y participa en 14 películas de corte popular y utilizando como marco la urbe a diferencia de las películas de charros de los años cincuenta y sesenta con el fondo del campo y las haciendas.

“Aun hay más…”

El México de los setentas y su música popular tuvieron el medio de difusión más eficaz después del cine para llegar a la consolidación en el gusto de la gente: la televisión. Y es que aunque “la televisión es diversión de baja categoría o cultura de masas, que no puede ser tomada en serio”,[14] permitió que la música popular por medio de sus cantantes llegara a buena cantidad de hogares y ya no solo mexicanos, sino hasta traspasar fronteras. Esto se logró después de que en 1973 se unieran Telesistema Mexicano de Emilio Azcarraga, Miguel Alemán Velasco y Romulo O´Farril, con el grupo de Televisión Independiente de México de Grupo Monterrey para formar lo que sería desde ese momento la empresa televisiva de mayor importancia de habla hispana: el grupo Televisión Vía Satélite (Televisa), con los canales 2, 4, 5 y 8.[15] Y junto con la empresa, el inicio en 1969 de uno de los programas de variedades musicales abría un mundo para la música. Al frente de Raúl Velasco como productor y conductor, la música tuvo el boom que hizo que rápidamente se expandiera en el gusto del público que de daba cita los fines de semana.
Para 1976, el canal 2 contaba con “cobertura nacional, el 4 con cobertura urbana, el 5 comunicación mundial, el 8 retroalimentación mundial, el 11 daba educación y el 13 cultura”.[16] Este medio de comunicación como lo señaló James Halloran “consigue imponer una actitud o modo de conducta presentándola como un componente esencial del comportamiento necesario en determinados grupos”.[17]
De esta manera, con la televisión y el programa de variedades, la música popular encontró un medio excelente de difusión y sobre todo del nacimiento de cantidad de intérpretes que llegaron a surgir del programa de Raúl Velasco. Como el mismo lo dice:
Cuando en el periodismo comencé a entrar en el terreno musical, no me preocupaba tanto que surgiera una figura o que la muchacha fuera bonita, sino también que la temática de las canciones fuese distinta a la que estábamos acostumbrados; es decir, que me he inclinado por la función social del cine, de la canción, del teatro y ahora de la televisión. Pero aunque supongo que el programa que realizo los domingos no es enajenante, pudiera serlo. Sin embargo, si yo estuviera seguro de que es enajenante no lo haría, porque no me gustaría a contribuir a adormecer la conciencia de la gente que lo está viendo. Yo pienso, por el contrario, que a cambio de un poquito de diversión, que le resulta muy cómodo a la gente, le doy una pequeña puya o le llevo una pequeña aportación cultural que le ayude a pensar que hay cosas mejores.[18]

Con lo antes expuesto, los años setenta fueron para el país, no solo un periodo de movimientos sociales, cambios políticos y con un esperanzador boom petrolero benéfico para la economía nacional. Fue una década en donde la cultura popular hallo algo para dar diversión al pueblo mexicano y sacarlo al menos por unos minutos de esa realidad que le atormentaba para llevarlo a un paraíso musical lleno de amor, de alegría, de esperanza. De saber que el “infierno es amor” y que simplemente “Rigo es amor”.
El fenómeno que cabe recalcar aquí, es que México fue en el punto en donde primero, se concentraron exponente de la música popular de países del mismo continente y de confines más alejados y segundo, que la gama de estilos musicales dio a todos los gustos, exponentes que se lograron consolidar en el gusto de la gente haciendo de la música, una música popular no solo en la década los años que enmarcaron este estudio, sino que hicieron que se extendiera más allá de una década. Y esto lo podemos constatar al ver el revuelo que provocan artistas populares como Los Tigres del Norte o la euforia que causa oír al “príncipe de la canción: José José”. Al final todo es cultura y la música como cultura también lo es y los músicos también construyen la historia.◄

[1] Pilar Gonzalbo Aizpuru, Introducción a la historia de la vida cotidiana, México, El Colegio de México, 2006, p. 129.
[2] Ibidem, p. 131.
[3] Enrique Krauze, La presidencia imperial. Ascenso y caída del sistema político mexicano (1940-1996), 5ª reimp., México, Tusquets Editores, 2004, p. 404.
[4] Héctor Aguilar Camín y Lorenzo Meyer, A la sombra de la Revolución Mexicana, 32 ed, México, Cal y Arena, 2004, p. 245.
[5] Enrique Krauze, op. cit., p. 414 – 416.
[6] Héctor Aguilar Camín, op. cit., p. 247.
[7] Carlos Monsiváis, Amor perdido, 11 reimp., México Ediciones Era, 1993, pp. 227-236.
[8] Yolanda Moreno Rivas, Historia de la música popular mexicana, México, CONACULTA-Ed. Patria, 1989, p. 41.
[9] De la Peza, Cásares, María del Carmen, El bolero y la educación sentimental en México, México, UAM-Porrua, 2001, p. 41.
[10] Yolanda Moreno Rivas, op. cit. p. 267.
[11] Ibidem, p. 270, 271.
[12] Emilio García Riera, Breve historia del cine mexicano. Primer Siglo 1897-1997, México, MAPA-CONACULTA, 1998, pp. 279-294.
[13] Yolanda Moreno Rivas, op. cit., p. 199.
[14] Roger L Brown, “La televisión y las artes” en James Halloran, Los efectos de la televisión, Trad. J. Ignacio Vasallo, Madrid, Editora Nacional, 1974, p. 195
[15] Elizabeth Fox, Días de baile: El fracaso de la Reforma en la Televisión de América Latina, México, Felafacs, 1990, p. 90.
[16] Ibidem, pp. 89,90.
[17] James Halloran… op. cit., p. 58.
[18] Carlos Monsivais, op. cit., p. 193.

2 comentarios:

Eric W. Vogt dijo...

Hola, Sr. Agustín:

Me llamo Eric Vogt y soy catedrático hacienda una traducción de una obra teatral de José Agustín (de principios de los 1970) en la cual in personaje hace mención de una canción, diciendo: "Está loco, pero no pendejo, como dice la canción". Lo único que encuentro es una canción "rap" reciente - obviamente no es la aludida en una obra de esa época.

Espero que Ud. me pueda ayudar a encontrar el artista, año... etc. Le aseguro que si Ud. me manda esta información, se lo voy a agradecer en el libro.

Mi dirección de correo-e es: tricornio357@yahoo.es

En espera de su pronta respuesta, me quedo

atte. de Ud.
E. Vogt


Eric W. Vogt dijo...


Hola, Sr. Agustín:

Me llamo Eric Vogt y soy catedrático hacienda una traducción de una obra teatral de José Agustín (de principios de los 1970) en la cual in personaje hace mención de una canción, diciendo: "Está loco, pero no pendejo, como dice la canción". Lo único que encuentro es una canción "rap" reciente - obviamente no es la aludida en una obra de esa época.

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E. Vogt